Hablemos un poco del Cantar del Mio Cid

El Cantar de mio Cid es un cantar de gesta anónimo que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida del cabellero castellano Rodrigo Díaz el campeador. La versión conservada fue compuesta, según la mayoría de la crítica actual, alrededor del año 1200.

Se trata de la primera obra poetica  extensa de la literatura española y el único cantar épico de la misma conservado casi completo; solo se han perdido la primera hoja del original y otras dos en el interior del códice, aunque el contenido de las lagunas existentes puede ser deducido de las prosificaciones cronísticas, en especial de la Crónica de veinte reyes. Además del Cantar de mio Cid, los otros tres textos de su género que han perdurado son: las Mocedades de Rodrigo —1360—, con 1700 versos; el Cantar de Rosevalles—ca. 1270—, un fragmento de unos 100 versos; y una corta inscripción de un templo románico, conocida como Epitafio epico del Cid—¿ca. 1400?—.

El poema consta de 3735 versos de extensión variable  es una serie sin número fijo de versos con una sola y misma rima asonante.

Se desconoce su título original, aunque probablemente se llamaría gesta o cantar, términos con los que el autor describe la obra en los versos 1085 (“Aquí compieça la gesta de mio Çid el de Bivar”, comienzo del segundo cantar) y 2276 (“las coplas deste cantar aquís van acabando”, casi al fin del segundo), respectivamente.

Cabe destacar que la versión original del la obra está escrita en castellano antiguo por eso algunos podrían pensar que está mal escrito o no entienden nada pero es simplemente es que esta es la forma primitiva del Castellano.

Adaptaciones modernas

El erudito mexicano Alfonso Reyes Ochoa hizo una versión en prosa moderna en 1919; el filólogo y poeta de la Generación del 27 Pedro Salinas adaptó el Cantar al castellano moderno en verso en 1926. Otras versiones rítmicas posteriores en verso está firmadas por Luis Guarner (1940), el medievalista Francisco Lopéz Estrada(1954), fray Justo Peréz de Urbel (1955), Matias Martinez Burgos (1955)Camilo José Cela (1959) y Alberto Menent (1968). En prosa, fuera de la ya citada de Alfonso Reyes.

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